
Ha comenzado el Real Murcia la temporada sumando puntos de uno en uno, empate tras empate, trata de abrirse camino en la tabla de Segunda División buscando la manera de salir de las posiciones de cola.
El equipo “pimentonero ” despierta emociones antiguas reconocidas por muchos de sus seguidores desde la cuna, la mayoría de ellas relacionadas no solo con el deporte rey, pesan sentimientos de patria también, en definitiva, argumentos de pertenencia.
A pesar de que el equipo tiene dueño y de que muchas veces prima la propiedad privada y los intereses particulares, que suelen ser de naturaleza distinta a la deportiva, el club sigue siendo de todos en lo tocante al corazón, sólo así se explica la capacidad de aguante y sufrimiento que se puede llegar a soportar por “los colores“, incluidos los atascos de cada fin de semana que convierten la cita con el estadio en un vuelo transoceánico.
A lunes y sin olvidar cuestiones de mayor calado y trascendencia me apetecía hablar del Murcia, tal vez por que como dijo Albert Camus…”lo que más sé a la larga de la moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol.“
