
La demolición del Palacete de Ponce, es una prueba demostrativa del escaso interés de algunos por mantener en pie nuestro patrimonio.
Víctima de la pasividad durante años de los responsables de su pervivencia el edificio casi centenario ha sucumbido.
De nada le ha servido resistirse altivo a derrumbarse, como llamando la atención de todos, queriéndonos decir que lo que paso ayer también nos sirve para mañana.
La noble casa en la que residió el ilustre poeta y escritor Pedro Jara Carrillo, fue también vivienda familiar de la hoy todavía guardan hermosos recuerdos los últimos que la habitaron y ha sido testigo del paso de los múrcianos por el peculiar paseo del Malecón, nacido como muro de contención del imprevisible Segura y hoy convertido en obligado recorrido en la ruta del colesterol.
En su tiempo de esplendor el entorno del palacete era sin duda de lo más bonito de Murcia con el también desaparecido jardín botánico,
A día de hoy poco va quedando de nuestras señas de identidad y además de lo que todavía resiste nada quedará en breve.
Con lamento y pesar le digo adiós no sólo al inmueble destruido, tambíen a la esperanza de haberlo visto convertido en museo o centro cultural, seguro que hubiera sido mejor que lo que nos espera después de que no quede nada.
Quien no es capaz de conservar la historia recibida, difícilmente lo será para crear una futura.
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