
Hoy, he tenido la suerte de poder caminar por las anchas y largas calles de la Murcia musulmana del siglo XIII, recorrer las salas del palacio principal de los siete encontrados en el yacimiento de San Esteban, ese palacio que posiblemente mañana ya no esté en el lugar en el que se levantó y que todavía hoy, nos miraba orgulloso sobre su planta de 400metros cuadrados que sostenía los dos pisos que dicen que tuvo, he podido adentrarme con cuidado y con respeto en el cementerio aledaño a la mezquita, comprobar la precisión del trazado de las más de cien viviendas aparecidas apenas a tres metros de profundidad, observar con curiosidad el apunte de pintura rojo en el trozo de zócalo que ayer se encontró, tocar la boca de la hermosa tinaja que un día recogió el agua de la que bebieron nuestras antecesores…no me importa confesar que me he emocionado, que he sentido que estaba viviendo un momento único en un lugar único y que era muy afortunada…después la emoción ha dado paso a la tristeza, profunda tristeza, al pensar que posiblemente no volveré a pasear nunca por el imponente y señorial barrio medieval que nos contempla en silencio desde su extraordinaria magnitud… ni lo podrán hacer aquellos que jamás llegarán a conocerlo.
Emoción, tisteza…indignación ese ha sido el sentimiento final, indignación ante la falta de escrúpulos de quienes tienen la decisión en su mano, la misma con la que van a firmar la sentencia de muerte de nuestro futuro destruyendo nuestro pasado.
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Un Comentario
Los que no vivimos en Murcia estamos consternados…
Pregunto: ¿No podeís hacer algo para evitar esa destrucción?…
Saluditos…