
Cumple nuestra Constitución 31 años y algunos se han permitido el lujo de no acudir al cumpleaños, puede que la ausencia tenga que ver con el hecho de ser discípulos del que, no solo no la votó, si no que escribió en su contra en los días previos a la histórica votación que concluyó con el apoyo mayoritario de los españoles en 1978, a la que sin duda es, nuestra Ley de leyes.
¡Vivir para ver! el mismo que acaba de hacer entrega de un premio al Rey por su contribución a la libertad.
La falta de respeto a la carta magna ha sido más que superada por la falta de respeto a las instituciones y me atrevería a decir que esta vergonzosa falta de respeto, es sinónimo de un desprecio absoluto a la democracia.
Miedo me dan, aquellos que se proclaman defensores de la patria y luego a la mínima oportunidad le vuelven la espalda, olvidando que las elecciones las ganan los ciudadanos y que los gobernantes son solo sus representantes, así que si lo que pretendían era ofender al gobierno y a su presidente, lo que han conseguido es ofender al Estado de derecho.
Y luego dirán que están preparados para salvarnos.

Hoy, he tenido la suerte de poder caminar por las anchas y largas calles de la Murcia musulmana del siglo XIII, recorrer las salas del palacio principal de los siete encontrados en el yacimiento de San Esteban, ese palacio que posiblemente mañana ya no esté en el lugar en el que se levantó y que todavía hoy, nos miraba orgulloso sobre su planta de 400metros cuadrados que sostenía los dos pisos que dicen que tuvo, he podido adentrarme con cuidado y con respeto en el cementerio aledaño a la mezquita, comprobar la precisión del trazado de las más de cien viviendas aparecidas apenas a tres metros de profundidad, observar con curiosidad el apunte de pintura rojo en el trozo de zócalo que ayer se encontró, tocar la boca de la hermosa tinaja que un día recogió el agua de la que bebieron nuestras antecesores…no me importa confesar que me he emocionado, que he sentido que estaba viviendo un momento único en un lugar único y que era muy afortunada…después la emoción ha dado paso a la tristeza, profunda tristeza, al pensar que posiblemente no volveré a pasear nunca por el imponente y señorial barrio medieval que nos contempla en silencio desde su extraordinaria magnitud… ni lo podrán hacer aquellos que jamás llegarán a conocerlo.
Emoción, tisteza…indignación ese ha sido el sentimiento final, indignación ante la falta de escrúpulos de quienes tienen la decisión en su mano, la misma con la que van a firmar la sentencia de muerte de nuestro futuro destruyendo nuestro pasado.

Ese es el debate abierto tras el reconocimiento oficial del valor del Yacimiento de San Esteban, desmontar pieza a pieza los restos del siglo XIII para encontrar el XII y continuar con la excavación y luego volver a colocarlos a cota de calle en la superficie, lo que parece incompatible con su conservación , y no son pocos los que consideran que desmontar es destruir y que este planteamiento en realidad lo que esconde es otra intención, seguir haciendo cada vez el agujero más grande para construir el aparcamiento y al final que lo poco que quede en condiciones de los restos hallados, se coloque encima como si de un decorado se tratara, la otra apuesta es dejarlos donde están, mientras se sigue profundizando en la historia.
La fuerza de la razón acabará abriendose camino y lo que está claro es que el debate ahora es otro, tiene que ver con la conservación de nuestro patrimonio y con nuestras posibilidades de crecimiento y no cabe plantearse ya otra cuestión que no sea poner en valor nuestro pasado y asentar sobre él nuestro futuro, la decisión a tomar ahora y que reclamo como necesaria de no construir el aparcamiento subterráneo en San Esteban va mucho mas allá de la evidencia de que las ciudades son mejores, más cómodas, más agradables, más habitables, con menos coches con más espacios para las personas, es una decisión, que nos permitirá avanzar, progresar, de hecho ya lo estamos haciendo, opinando, debatiendo, implicándonos socialmente…despertando.
Es el momento de apostar con valentía por Murcia, es la hora de poner por delante los intereses generales y dejar de lado los particulares, no vamos a tener otra oportunidad como esta, desperdiciarla sería imperdonable.

Cuentan los cronistas de la época que Alfonso X el Sabio quedó impresionado por la belleza de Murcia cuando la vio por primera vez siendo Infante de Castilla en 1243 y desde aquel momento su amor por esta tierra fue eterno quedando aquí en la catedral guardado para siempre su corazón.
Llamado el Sabio por su inquietud por el conocimiento, no es de extrañar que se entusiasmara al encontrar lo mejor de la cultura musulmana en todo su esplendor asentada en un magnífico vergel, colmado de riqueza por el Segura en el que los árabes habían puesto orden gracias a una excelente red de acequias, norias y diversas canalizaciones para riego que nos legaron y que todavía hoy de utilizan en la huerta murciana y cuya preservación ha de ser una prioridad.
Se le rinde tributo y homenaje en estos días con una formidable exposición al monarca que más hizo por Murcia recogiendo lo mejor de su pasado, haciéndola crecer como nunca.
Al mismo tiempo se debate en la ciudad que tanto amó sobre la conservación de los hallazgos encontrados en la excavación de San Esteban para la construcción de un macro aparcamiento, creo que convendría actuar ante lo encontrado con la misma responsabilidad con la que lo hizo el ilustre monarca que supo impulsar a Murcia, sobre los cimientos de lo hecho por sus antecesores, solo así podremos asentar las bases de nuestro futuro sobre las señas de identidad de nuestra historia sin ponerla en riesgo.
Murcia necesita avanzar potenciando sus indudables atractivos…su capital humano, la gastronomía, las fiestas, monumentos, el clima y por que no, algo más que nos distinga y nos relance como destino turístico que fomente el empleo.
Ojalá que los que tiene la decisión en su mano, no se equivoquen, pueden pasar a la historia como traidores, cuando menos, a nuestra memoria.
Ya lo dijo el rey Sabio